Hay un par de personas que tocan el saxofón en el camino por
el que paseo mi perro, o al menos eso creo. Los he escuchado ya varias noches,
nunca he llegado a ver sus rostros.
Solo tocan en la noche, nunca en la mañana o en la tarde,
solo en la noche. Y es algo tan mágico escucharlos, es como si el ambiente
cambiara y ya no solo caminara con mi perro en este mundo; el tiempo, el lugar
y la forma en que me siento cambian con las notas.
Hoy tuve el placer de escucharlos una vez más, el jazz tiene
algo mágico, estaba totalmente perdida pensando en mis desgracias y las cosas
que habían sucedido en el transcurso del día, que las suaves notas me golpearon
mucho más fuerte. Estaban tocando un melodía un poco más rápida de lo que
usualmente tocan, pero mucho más emotiva. Sentí que era lo que el destino me regalaba
por tal mal día que tuve.
No me iba a tirar al piso y llorar, aunque mis emociones
luchaban para que lo hiciera, pero agradecí que estuvieran ahí ese día. Ese par
de extraños me hicieron calmarme y caminar con la cabeza en alto, cosa que no
hacía hace un par de días.
La música tiene poder, y si eres de esas personas que no lo
cree, no me molestaré en hacerte cambiar de opinión. El día en que unas cuantas
notas toquen los más finos nervios de tu cuerpo lo entenderás, el día en que la
música se una al mismo ritmo que tu corazón lo entenderás.
La música es una de las cosas más cercanas a la magia en
este mundo.
Ese fue mi día, ¿me cuentas el tuyo?,
Phase.
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